Su familia no era vegetariana, razón por la cual le tocó investigar todo por internet, comenzó eliminando las carnes rojas de su menú, luego el pollo y el pescado, aunque este último, por motivos de nutrición, le tocó volver a agregarlo a su comida habitual, siendo considerada ahora como una pesco-vegetariana.

Luego de tres años consumiendo una dieta totalmente vegetariana, comienza a sentirse mucho mejor físicamente, incluso bajó de peso y su piel también cambió para mejora, se veía rejuvenecida. A pesar de los beneficios que habían hecho en ella, admite que la mayor dificultad que obtuvo desde el comienzo en su cambio fue enfrentar los prejuicios de sus familiares y amigos, ya que no compartían las concepciones de esta comida.

La abordaban todo el tiempo, preguntándole sobre ¿por qué decidió cambiar las carnes rojas?, ¿con qué sustituía las proteínas? Y por supuesto, no faltaba la persona que le hablaba de la importancia de consumir carnes en nuestro organismo.

No es fácil cambiar la comida drásticamente de un día para otro, sin embargo, Astrid, se atreve a darle un consejo a esas personas que deseen experimentar otro tipo de alimento, el cual es, que deben dejar poco a poco y progresivamente los productos y alimentos que son de origen animal.

Las primeras semanas puedes comer alguna proteína, máximo dos veces, luego si comienzas a eliminar por completo las carnes rojas, luego el pollo, continuas por el pescado, los huevos, y por último los lácteos y cualquier otro alimento que provenga de origen animal.